lunes, 28 de noviembre de 2016

DEJAVÚ


Vivo en una casa pequeña, pero bonita y confortable. Es de esas casas antiguas de techos altos y vigas de madera. Se accede a ella directamente desde la calle a través de una puerta de hierro forjado. Nada más abrirla nos encontramos con un pequeño recibidor en el que tengo un antiguo mueble para paraguas, bastones y sombreros, de madera de roble,  me parece que es, con listones torneados y bajorrelieves de soldados con cascos medievales. El gotero es de zinc y tiene un pequeño espejo desgastado en el centro. Lo tengo de adorno, porque yo no uso sombreros y los paraguas los pongo directamente en un paragüero tubular que compré en una tienda china, todo hay que decirlo.

Tras el recibidor entramos en un pequeño salón-comedor y, después de un pequeño pasillo con frescos en las paredes, que no sé quien pintaría, pero que lo hizo con mucho estilo, accedemos a la cocina, baño y patio trasero. Lo del patio me encanta; he de reconocer, en Madrid y en pleno siglo XXI vivir en una casa con patio hoy en día es un lujo, que por otro lado yo no me puedo permitir. La casa es de dos plantas a la segunda se accede por una amplia escalera de madera antigua que conduce a un rellano con un ventanal en medio de las dos habitaciones, una a la derecha, la mía y otra a la izquierda, la que pienso alquilar.

La vivienda me la alquiló hace meses una anciana amiga de la familia a la que tengo mucho cariño y ella a mí creo, o eso quiero creer, pero que no perdona la renta a final de mes, así que he decido alquilar uno de los dos dormitorios. Ambas habitaciones son amplias y con balcón a la calle. Asomándote a ellos no se ve gran cosa, una calle estrecha y oscura. Claro que una casa así, aunque dé a un callejón, hoy en día merece mucho la pena.

He puesto un anuncio en internet: “SE ALQUILA HABITACIÓN EN CASA COMPARTIDA, CON DERECHO A COCINA, INTERESADOS DEJAD MENSAJE POR EMAIL. SE REQUIEREN CIERTOS REQUISITOS QUE SE COMUNICARAN POR PRIVADO. EL ALQUILER NO ES MUY ALTO. PREFERENTEMENTE ESTUDIANTES”.

He recibido bastantes mensajes entre los que he hecho una pre-selección a los que he mandado mi número de móvil.
La primera llamada era de uno que me contaba que se había ido de casa de su novio y que necesitaba de manera urgente una habitación donde le dejaran vivir con su perro, un dogo alemán , según él hermosísimo y que me encantará………le he dicho que no, que lamentándolo mucho, no quiero chuchos en casa. Ya tuve uno de cuyo nombre no me quiero ni acordar.
La segunda, un comercial de cosméticos, que iba a estar unos meses en Madrid y buscaba habitación con derecho a cocina, le dije que muy bien, pero que lo de derecho a cocina significaba que podría guisar su comida y que después de guisar, tendría que dejar la cocina limpia. No ha vuelto a llamar.
Así que aquí estoy un domingo, con un sol que rompe las piedras y pensando que me encantaría irme a la piscina del Lago de La Casa de Campo,  esperando a uno que parece un  buen candidato.  Con un malhumor que yo gasto, que no me aguanta ni mi madre y aquí, como un gilipollas esperando al imbécil que verá la habitación y que seguro me dice que se lo va a pensar.

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