viernes, 15 de abril de 2011

Edahi


Edahi

Edahi dormía junto a Dresán cuando fueron atacados aquella mañana. No le dieron tiempo a despertar. Entre seis hombres pertrechados con armaduras metálicas lo sacaron a la luz del día. Allí bajo un sol que quemaba y ante los ojos asombrados de su compañero, de un tajo le cortaron la cabeza.


Cuando los españoles llegaron a Tutotepec, los ojos de Edahi se abrieron enormemente al ver la cabellera rubia y larga de un joven de ojos claros y piel blanca como la luna . Sus miradas se cruzaron por un momento y pudo observar un brillo especial. Sus piernas temblaron y un calor desconocido inundó su  cuerpo. Cayendo de rodillas a los pies de Dresán, exaló un, apenas perceptible, suspiro e inclinó la cabeza ante lo que él consideró el ser más hermoso que había imaginado.

Cuando el dios de cabellos dorados se le acercó y suavemente le levantó la barbilla, Edahi perdió el sentido y como un saco vacío, su cuerpo se desplomó sobre la tierra caliente. Tan grande era el sentimiento que acababa de nacer en él. Un amor desconocido hasta ahora. Cuando despertó comprobó que se encontraba tendido sobre un mullido lecho. Abrió los ojos entre asustado y agradecido. A su lado estaba ese ser fantástico que nublaba sus sentidos. No pudo articular palabra. Se incorporó e intentó de nuevo arrodillarse, pero unas manos cálidas y suaves se lo impidieron.

-. No no hagas eso. Sólo soy un humano llegado de tierras lejanas, pero un hombre como tú.- Habló Dresán.

Edahi no entendió lo que oía, mas esa voz le sonó como el canto de un viento dulce que escuchó hacía un tiempo en el lejano eco de una montaña que gritaba su nombre.

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